Los fantasmas no existen

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A las 3 de la mañana se escuchaba el ruido de los trastes y el bugido de un toro

Una abuela me contaba que su experiencia con los fantasmas es muy clara. Cuando era niña en las madrugadas de los sábados exactamente a las 3 de la mañana se escuchaba el ruido de los trastes y el bugido de un toro caminando por toda la casa. Por lo que ella y sus hermanos y hermanas se tapaban con las cobijas. Los ruidos eran tan fuertes que tenía que taparse los oídos con la almohada.
En mi cabeza aparecían imágenes de una cocina desordenada por fuerzas invisibles como podemos ver en los videos de YouTube al igual que podía imaginarme un hombre con cabeza de toro recorriendo la cocina, la sala y los pasillos oscuros de la casa, como se ven en las películas. Pero mientras todo esto ocurría en mi mente la señora Victoria de unos 80 años, luego de tomar un sorbo de su té verde recién servido, inicia con unas carcajadas burlándose de la expresión de mi rostro.
Doña Victoria nota mi confusión para así cambia su actitud de burla y el tono de voz a comprensiva. Me explica que en el tiempo que vivió en el campo con sus padres nunca vio nada raro, que si es cierto que existen historias y leyendas de personas y lugares pero que jamás le tocó nada de eso.
Le pregunte sobre si esa experiencia de su niñez fue inventada para burlarse de mi. Me dijo que no, que todo eso es cierto. El temor era verdadero, un miedo a un papá borracho que llegaba a esculcar la cocina a comer y destrozar todo los que encontraba. Ya sabíamos que era él transformado en un monstruo y que si salíamos nos insultaría y golpearía. Mi mamá le temía por lo que se encerraba y era una orden que teníamos que escondernos de él.

Vergara, una población a unas dos horas de Bogotá, tiene una casa curial que en los días que pude visitarla me pareció muy grande.

La construcción tiene tanto espacio que en el exterior arrienda locales comerciales. Además de tener en su parte delantera tres pisos, tenía un patio interior y un edificio en la parte trasera, que me dijeron que era un teatro, pero que había perdido las tejas y el muro posterior. Por donde pude mirar y daba a un peñasco. En la casa me quede varias noches y pude escuchar pasos y un traqueteo en las paredes.
Tuve una emocionante experiencia de sentir que la casa esta viva pero en la mañana del primer día pude constatar que los pisos de madera crujían al cambio de temperatura y totean como su recibieran el paso de una persona, al igual que revisando los baños noté que el movimiento del agua por la tuberías hacia sonar las paredes, un poco decepcionante.

Alguien me dijo en tono de broma que mientras que la taza come el lavamanos eructa, no por el olor sino por el sonido que se escapaba por el tubo.


Estas son dos historias, pero hay muchas más, que me pueden desanimar o abrir los ojos sobre el tema. Las conclusiones que puedo sacar es:
Uno, no tengo las cualidades (buenas o malas) para poder sentir ese mundo inmaterial. Y dos: Los fantasmas no existen.


Feliz noche de los disfraces 2020
Autor: Luis Fernando Urrea Beltrán
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