La fe es real

La fe implica que las personas entregan su confianza plena a eventos por venir, como también aceptan ciegamente sucesos de los que no fueron testigos sin pedir prueba alguna.

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En la biblia, en Hebreos 11:1, podemos encontrar la siguiente definición “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.

La Real Academia Española tiene varias acepciones, pero en este caso nos interesa entender aquella que dice que son el “Conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una multitud de personas”. 
La fe implica que las personas entregan su confianza plena a eventos por venir, como también aceptan ciegamente sucesos de los que no fueron testigos sin pedir prueba alguna. Las religiones piden a sus miembros que crean en un Dios sin verlo y en grandes historias de pasados distantes si pruebas. Aunque de pruebas están escritos libros y constantemente estamos rodeados de milagros.
La fe es una variable con la cual los creyentes cuentan en el momento de tener un pariente con un quebranto de salud. Es común convocar a cadenas de oración con la intención de curar de enfermedades como cáncer o sida. 

En 1872 el inglés Francis Galton (sabio ingles estudioso de varias áreas) Realizó un estudio que llamó "La oración, por lo tanto, no tiene ninguna eficacia", donde planteó la hipótesis:
Que de ser efectiva la plegaria, los reyes deberían vivir más que otros grupos comparables. Pero sus estadísticas demostraron que los soberanos vivían menos tiempo que los miembros de la alta burguesía. "La oración, por lo tanto, no tiene ninguna eficacia", concluyó Galton.

A una conclusión diferente, sin embargo, llega el libro "El poder de la plegaria sobre las plantas", de Franklin Loehr (Clérigo y parapsicólogo), publicado en 1959.

La ciencia explica la curación de las personas a un fenómeno que llama efecto placebo. En latín significa “me gustará”. La historia de la medicina aporta muchos ejemplos que hacen pensar que el tratamiento médico depende de este efecto. 

Fue la Iglesia Católica la que dio impulso a los placebos, porque en el siglo XVI, para desacreditar a los que se lucraban con los exorcismos, se le ocurrió mostrar falsos objetos sagrados a aquellos que decían estar poseídos por el demonio y si dejaban de estar poseídos, se demostraba la falsedad de la posesión. La idea cundió entre la comunidad médica y a partir del siglo XVIII se extendió el uso de tratamientos inocuos. El espaldarazo definitivo llegó con la aprobación de los ensayos clínicos después de la II Guerra Mundial. 
Algunas historias replicadas por los medios cuentas de los maravillosos efectos que se logra para la salud por medio del efecto placebo. Es sencillo de entender la mecánica. Cuentan que durante la II Guerra mundial en hospital se terminó la medicina que controlaba el dolor de los pacientes por lo que decidieron repartir la dosis faltante con una pastilla con la misma apariencia de la que se venía entregando, con lo cual lograron el mismo resultado que con los otros enfermos.

Años posteriores y luego de muchos experimentos los científicos se atrevieron a realizar una prueba con enfermos de Parkinson a los cuales se realizaría la intervención quirúrgica únicamente a la mitad de las personas, de donde encontraron que las personas que no recibieron la operación también tenían mejoras de salud.

La búsqueda de explicaciones a este fenómeno llevó a la ciencia a concentrarse en la psicología de las personas, a entender que gran parte de las patologías parten de la mente. No solo encontraron y están gradualmente aceptando que la enfermedad mental afecta la salud del cuerpo, además están llegando a la conclusión que las personas por medio de sus convicciones personales pueden llegar a sanar. 

La fe es real en cuanto a que damos poder a nuestras creencias y mientras sean positivas para con nosotros mismos y la comunidad de la que soy parte: me llenan de objetivo en la vida. Esto se viene logrando por los valores inculcados por medio de las religiones más antiguas. 


Autor Fernando Urrea Beltrán
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