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DAIRELY 

PorRedacción

Sep 27, 2022

El 20 de agosto mi mamá tuvo una cita médica programada un mes anterior para hacer seguimiento de mi crecimiento, para así programar mi nacimiento.  Ese día mi papá la acompañó a la cita con la diferencia que esta vez no estaba la camioneta porque le tocó turno en el mecánico. Entonces luego de hacer dos ensayos en donde cargaban maletas y recorrían la ciudad por las rutas que nos dieran menos tropiezo lo que sucedió fue que viajamos en bus hasta donde los pudo llevar por que la ruta que tomaron no paso por el hospital, por lo que les toco caminar más de seis cuadras. Asunto que no les preocupo porque estábamos con tiempo y además escuchamos durante todo mi proceso que caminar es además muy sano para las embarazadas. 

Llegamos a la “Lorencitas” y esperamos con muchas más mamitas el turno para el médico, pero luego de un rato mi mamá salió con toda la ropa y joyas en la mano y vistiendo una bata azul para contarla a mi papá que el médico le explicó que según la ecografía ya tenía contracciones que ella no sentía pero que tenía que quedarse y esperar por que la niña (yo) ya se venía. Mi mamá mando a mi papá por la maleta y el salió como una bala además con tal despiste que dejó abandonadas las cosas de mi mamá por ahí. 

Mi nacimiento no solo fue un acontecimiento importante para mis padres, para los paternos abuelos yo soy su primera nieta. La primogénita del primogénito por lo que en la casa de mis abuelos recibí la visita de muchos viejitos felicitándolos.  

Como mi abuelo es carpintero mi cuna fue su primer regalo. Aprendí rápidamente a escarpe de sur rejas para explorar el cuarto sosteniéndome de los muebles y las paredes porque nunca me intereso gatear. 

Mi salud desde pequeña siempre es excelente, aunque hice correr un par de veces a mis padres por algunas fiebres que le adjudicaron al crecimiento de mis dientes, mi mamá andaba preocupada por lo derecho de mis piernas, mientras que mis abuelas (paterna y materna) concordaban que mi costumbre de comer tierra era engordar y tener buenas defensas. 

El primer día que fui a un colegio me acompaño mis padres. Yo estaba muy pequeñita, pero eso no fue ningún problema para acoplarme con los otros, poco a poco logre hacerme una reputación. 

 La primera vez que citaron a mi mamá fue para contarle que la niña no llevaba tareas y que me preguntaron y que yo respondí que estaba muy ocupada lavando y planchando. La profesora no ocultó en su rostro serio su preocupación. Mi mamá rompió en risa para luego explicar leque todo se resume en que me estaba inculcando a lavar mis cuquitos y que me compró una planchita de juguete con su mesita además una escobita y un trapero. 

Es normal que cuando pequeños todos tenemos la lengua enredada por los que a veces necesitamos traducción simultánea como en la ocasión en que citaron a mi mama en colegio, donde la profesora estaba indignada porque yo le llame “invisible” y mi mamá muy psicoanalista le explicó a la joven profesora que yo le decía de esa manera a las personas que no quería ver, todo esto mientras que mi mama se esforzó de manera increíble para no tontearse de la risa porque era evidente que lo que medio decía, porque lo escuche decir a mis tías, era “imbécil”. En esa misma época en que ya experimentaba con mi lengua diciendo palabra a lo Mafalda mi tío muy pícaro quiso burlarse pidiéndome que repitiera ¨los perros de curro¨ esperando que no lograra pronunciar la erre cambiándola por la ele pero quedó aburrido al ver que yo ya pronunciaba muy bien “carro”. 

Como mi primer colegio era bilingüe me enseñaban palabras en inglés, tanto que tenía que explicar en mi casa con calmita qué les estaba diciendo. Amárreme los zapatos, te quiero mucho, tengo sueño, profesora, papá, mamá, tía, tío, adiós. Además, aprendí a escribir únicamente en cursivo y lo hago tan bien que costó trabajo hacer las letras sueltas y redondas, pues ya en el bachillerato mis compañeros me veían como un bicho raro.   

Tuve un perro blanco de raza french poodles que pude criar desde cachorrito y como se tropezaba con todo lo llamé George, porque en esos días estaban dando en cines una parodia de Disney sobre tarzán que se llamaba George de la selva.  

Durante la primaria conocí varios colegios de naturaleza privada, pero en el bachillerato tuve que hacer un grado en una institución pública y pude descubrir que estaban infundados muchos de las historias que se contaban de los colegios del distrito. Mi idea de un colegio privado era la exigencia mientras que esperaba encontrar en el distrital un buen grupo de desadaptados y vagos. Pero debo aceptar que me di cuenta de que hay un gran número de jóvenes inteligentes y comprometidos.  Termine mi bachillerato a la par con un tecnólogo de Mercadeo por medio de una alianza de mi colegio con el Sena.  

Las experiencias de mi último grado de bachillerato van desde el fortalecimiento de amistades que espero sean para toda la vida y una gran cantidad de eventos sociales que se desarrollaron en fiestas que comenzaron en los años anteriores con los quince años de todas mis amigas y por supuesto los míos.  

No había terminado el bachillerato cuando tuve la oportunidad de colaborarle a mi papá en la empresa de la familia. Fue poco tiempo, pero sin duda me sirvió para entender un poco la realidad del trabajo y me mostró lo gratificante del dinero ganado.   

 El Sena tiene para la graduación el requisito de las prácticas por lo cual ingrese a una empresa donde fabrican productos publicitarios P.O.P.  En esta empresa aprendí muchas cosas y conocí muchas personas. Si quieren saber más sobre mi vida estén pendientes para la segunda parte de este documental.  

  • Luis Fernando Urrea Beltrán