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Mi amigo fue un periodista osado, seducido por los avatares políticos, como cronista de esos conflictos; a veces trágicos, a veces cómicos del universo de las decisiones de los que en la espalda se cargan el destino de su comunidad. Él cargó su propio destino y nos arrastró a los demás porque desde muy joven tomó la decisión de ser comunicador social.  
Desde muy pequeño luchó contra la burla e intolerancia; primero por su silencio de meningitis y luego porque a veces tenía que tartamudear. Es así que con la ayuda de doña Soila Báez (la mamá) logra vencer el silencio de la enfermedad. 

 A lo largo de su vida se enfrentó al trabajo sin menosprecio por lo que aceptó la labor de celador cuando estudiaba en la secundaria en La Amistad de Bogotá y la mensajería en un asadero de pollos y de tienda de videos para pagar la universidad. 

Osado e intrépido, Mauricio siempre un amigo aliado de la franqueza y defensor ante la injusticia, rechazó desde su cuadrilátero los desdenes y pasos en falso de su patria. Apoyó sin excusas los proyectos de sus amigos y aconsejó con autoridad a quien se lo permitía. Osado porque gozaba de los deportes extremos y denunciaba con potencia los abusos contra los demás. 

 
Mauricio Pinzón Báez, periodista de la IMPAU, inicio el viaje de las noticias hace más de diez años. Desde la revista LA CLAVE, pasando por el DIARIO DEL SUR en Nariño y el trabajo de forjar e impulsar LA OLA de Tumaco. Existía para narrar sucesos; la vida era su vida, el acontecer del pulso social es el alimento de sus artículos de opinión. De carácter desafiante además de contradictor y terco confundía a sus contrincantes y detractores con su apariencia lánguida.  
Mi amigo era un hombre de muchas palabras y de proyectos que demostró con hechos dando vida a proyectos como el noticiero de Televisión en Soacha y el Informativo Nuestro que aún es su legado y su huella en el tiempo. 

 
Con NUESTRO, Mauricio Pinzón invadió a Soacha y Sibaté haciéndose querer por su sencillez y don de gente. Nos ofreció la oportunidad de tener un medio de comunicación fuerte, constante y diligente para que la comunidad lograra sentir propio el municipio en medio del vaivén de los tiempos y la influencia de Bogotá. 

Soñaba con ver crecer a su hija, envejecer junto a sus familiares y amigos, forjar una oficina de prensa ostentosa y reconocida (Agencia Regional de Prensa), se veía en su casa propia.  
 
Muchos tuvimos la suerte de toparnos con él por su trabajo como periodista, pero con el transcurso de los días y luego de los años, al aparecer la amistad, no solo logramos encarrilarnos en su cuento (que a veces se parece al propio) sino que nos convenció con teorías prácticas que la vida es como él la veía.  
 
En el Diario del Sur, donde aún laboraba, lo conocían por su capacidad de colaboración sin pedir retribución y por su lealtad a los amigos por encima de las dificultades, además por la facilidad para atender las labores del cargo los viernes donde con Cristina dejaban todo el fin de semana organizado.

Autor: Fernando Urrea Beltran